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¿Se hace camino al andar?

Escrita por : Maria Amelia Bulhoes

La caminata como forma de expresión artística.
El arte ha buscado, en la modernidad, crear un campo de autonomía, libertándose de las tareas de representación y de su sumisión a los contenidos religiosos o políticos. Sin embargo, la excepcionalidad de la obra de arte y la sacralidad de los museos parecen haber, a lo largo del tiempo, alejado del público común, o negado a él, ciertas vivencias estéticas que podrían hacer parte de sus vidas cotidianas. Esa condición de distanciamiento del público y de la vida real inquieta algunos artistas en muchos momentos y en muchos lugares. Las vanguardias, en diferentes regiones del mundo, a partir de los modelos de inquietudes europeos, buscaron aproximar el arte de las experiencias de la vida diaria de las más diferentes formas. La necesidad de aproximación a un público más amplio pasó a ser objeto de las inquietudes de los artistas, principalmente con la expansión del consumo cultural – que en Europa se dio en el siglo XIX, y en Brasil, en el siglo XX. Inúmeras formas de tornar el arte menos distante y circunscrita a los espacios de los museos fueron propuestas, y muchas experiencias se desarrollaron.
Entre esas formas, el desplazamiento físico, en los ambientes urbanos o naturales, surgió como un medio de explorar sensitivamente el mundo y descubrir cómo la presencia del cuerpo en movimiento en el espacio podría ser fuente de una vivencia poética muy fuerte. Esas experimentaciones de derivas se inauguraron con los dadaístas (sus derivas eran aleatorias), se consolidaron con los situacionistas (sus caminatas eran más objetivas y funcionales) y se fueron desarrollando como procesos artísticos individuales en la contemporaneidad.
Incluso en el ambiente virtual de la internet, artistas como Daniel Belasco realizan caminatas como parte de sus proyectos creativos, y utilizando GPS construyen diseños que documentan y dejan los vestigios visuales de esos desplazamientos.
La tendencia del arte de cuestionar el sistema ritualístico y el objeto de arte dio origen a muchas experiencias en el sentido de asumir el caminar como proceso creativo y como modo de conocer, vivenciar y dejar su testimonio. En el ámbito de esas experimentaciones está la muestra “Walking/Caminar”, expuesta en San Pablo, en el Paço das Artes. De acuerdo con el curador Giorgio Ronna, la exposición surgió de la lectura de algunos autores que desarrollan reflexiones sobre el acto de caminar: Henry David Thoureau (Caminar), Jean-Jacques Rousseau (Ensoñaciones de un caminante solitario), Walter Benjamin (E flanêur) e João do Rio (El ama encantadora de las calles). Hay que destacar que abundante bibliografía sobre este tema, tanto en la literatura como en el campo de las artes visuales, se desarrolló a partir de la modernidad, y puede ser buscada por quienes se interesen.
En la muestra “Walking” están articulados los trabajos de cinco artistas que encontraron en la caminata un elemento fundamental de sus procesos de trabajo. Brígida Baltar desarrolla un proyecto que la aproxima de las tendencias surrealistas, al caminar intentando captar la niebla en un frasco. Un vídeo y algunas fotos de su imposible tarea documentan esa experiencia onírica de adentrar en la bruma y en ella casi desaparecer.
Brígida Baltar. A coleta da neblina
Brígida Baltar. A coleta da neblina
En otro proceso, Marina Camargo anda por un camino montañoso en los Alpes, con el intento de acaparar el paisaje, recortando en una hoja de papel las siluetas de las montañas a partir de algunos puntos de observación. Enseguida, sobrepone las tarjetas recortadas a los contornos de la irregular topografía, dejando percibir cómo la representación es falla e incompleta. Es como si la artista estuviera tratando de captar en el papel aquel paisaje que va descubriendo al caminar, para de ella se apropiar poéticamente en una vídeo-instalación que documenta esa forma de vivenciar el paisaje.
Marina Camargo
Marina Camargo
La intervención de Lia Chaia es en el paisaje urbano: ella va dibujando su recorrido por la ciudad de Paris al aplicar balones coloreados en las estructuras de hierro que se distribuyen en las veredas por la ciudad. Las fotos del proyecto “Globo Celeste” permanecen como memoria de este recorrido, documentando su pasaje y su acción poética. Un cuerpo invisible cuyos rastros coloreados distribuidos en la escena fría del paisaje establecen una otra lectura de la realidad.
Globo celeste
Globo celeste
También urbanas son las caminatas que realizan Marion Velasco y Christa Ziegler, siendo que, para ellas, el tiempo funciona como parte del proceso de captación de las imágenes. Marion, en el serial “Erragem/Vagar”, indaga sobre las relaciones del cuerpo con la ciudad, tomando la arquitectura como vestidura. Ella permanece horas en la confusión de la región central para fotografiar una persona que se esconde sentada bajo una frazada. Ella ve aquél que no quiere ser visto, y que incluso envuelto por el torbellino de los sonidos y del movimiento en su alrededor, parece ajeno a todo. Sentada, la figura parece hablar de la necesidad de buscar un espacio personal en la impersonalidad de la gran ciudad. Acompaña esta imagen fotográfica la grabación, hecha por la artista, de los ruidos de la calle, que se ofrece al espectador en dos audiófonos, uno con sonido bien alto y estridente, otro casi inaudible, como si los mismos sonidos pudieran ser oídos de formas diferenciadas por los transeúntes.
Marion Velasco. Erragem
Marion Velasco. Erragem
Christa Ziegler ha recorrido a pie decenas de ciudades por todo el mundo con una cámara de medio formato, procurando preservar la naturalidad con que los transeúntes se manifiestan en el espacio urbano. Ella hace de su recorrido una forma de documentación de las proximidades y de los alejamientos que las ciudades propician. Las imágenes, en negro y blanco, en baja resolución, parecen suspender el tiempo. Instaladas en conjuntos de cuatro, ellas muestran cómo la artista fue construyendo su mirada de viajante, cómo fue encontrando las significaciones en cada ciudad visitada. Los nombres de las ciudades – Delhi, Hong Kong, Los Ángeles… – puestos junto a cada conjunto de imágenes proyectado, permiten que el visitante acompañe el recorrido de la artista, percibiendo la red de interrelaciones que emerge de la combinación de esos fragmentos, en una especie de narrativa a un tiempo documental y ficcional.
Christa Ziegler – Cidades
Christa Ziegler – Cidades
Esas diferentes formas de pensar y elaborar poéticamente las caminatas confieren unidad al conjunto de los trabajos presentados, y ofrecen al espectador una posibilidad de pensar sus propias experiencias diarias de desplazamiento, más allá de un ir y venir mecánico y alienado. Tal vez sea esa una de las contribuciones del arte hoy: hacer pensar y ofrecer medios de reelaborar el cotidiano. Al final, como ya decía el poeta, “se hace camino al andar”.
Sobre María Amelia Bulhoes
Maria Amelia Bulhões es docente, crítica y curadora brasilera. Graduada em Historia pela Universidade Federal do Rio Grande do Sul (1973), mestrado em Historia pela Pontificia Universidade Catolica do Rio Grande do Sul (1983), doutorado em Historia Social pela Universidade de Sao Paulo (1990) e pos doutorado na Universidade de Paris I, Sorbonne (1997) e na Politecnica de Valencia (2008). Organizou e publicou diversos livros, colaborando regularmente com artigos em revistas nacionais e internacionais.
Atualmente  professor do corpo permanente do PPG em Artes Visuais da Universidade Federal do Rio Grande do Sul, atuando na area de Artes Visuais, com enfase em Historia,Teoria e Critica da Arte. Coordena o Grupo de Pesquisa “territorialidade e subjetividade”. Dedica-se principalmente aos seguintes temas: artes visuais contemporaneas, arte na America Latina e web arte. Atua como colunista no jornal Sul 21 e dirige o portal www.ig.art.br
Traductora: Maria Isabel de Castro Lima, Msc. en Literatura; profesora y traductora inglés y español en la Universidad del Sur de Santa Catarina – UNISUL, Brasil. Vive y trabaja en Florianópolis.



texto publicado en: http://arte.elpais.com.uy/se-hace-camino-al-andar




¿Es posible la deriva en la epoca de la geografia digital?

[Revista Bostezo]

DEC 28, 11



Esta semana foi publicado na  Bostezo – Revista de Arte y Pensamiento um artigo que escrevi com Juan Freire no final do primeiro semestre deste ano. Abaixo coloco cópia do artigo.
Karla Brunet / Universidade Federal da Bahia, Brasil
Juan Freire / Universidade da Coruña, España
2011-12-20
La geografía ha sido siempre una disciplina conflictiva, parte ciencia y técnica cartográfica, parte instrumento político. En la segunda mitad del siglo XX la geografía como representación de la subjetividad del territorio se relacionó con el mundo del arte y los movimientos alternativos de activismo político. Paradójicamente, el desarrollo y popularización de la tecnología digital han hecho comunes muchas de esas prácticas pero posiblemente con implicaciones políticas radicalmente contrarias.
La psicogeografía propuesta en los años cincuenta por el movimiento situacionista era una forma de explorar la ciudad, de hacer que las personas abandonasen sus caminos predilectos y sintieran el paisaje urbano desde otros puntos de vista. En este sentido, proponía perderse por la ciudad en relación a los otros y también a uno mismo, y de este modo encontrarse con nuevas situaciones, paisajes y vivencias sintiendo diferentes emociones al recrear un recorrido por lugares conocidos. La geografía del espacio urbano creada como forma de expresión artística ha quedado reflejada en diversas obras como, por ejemplo, en elPsychogeographic Map Of Venice (1957), de Ralph Rumney, donde el artista mezcla el collage de fotos, textos que crean una narrativa del lugar, un cuaderno de bitácora de la experiencia de la deriva con una estética similar a la de la fotonovela.
Hoy en día, los proyectos de cartografía artística trabajan de la misma forma que sus precursores del situacionismo pero utilizan herramientas más precisas. Lo que antes se realizaba con un cuaderno de notas y bolígrafo, ahora es realizado con grabadoras digitales, cámaras de fotos y video, dispositivos GPS, móviles o sensores fisiológicos. Los mapas contemporáneos intentan describir la experiencia de la deriva de una forma tan precisa que quizás están perdiendo el propio sentido del la deriva, al convertirse en un proceso cartesiano y controlado.
Diversos proyectos artísticos intentan hoy en día recuperar la noción de experimentar y sentir el lugar con la utilización de los medios digitales tanto para la captura del material subjetivo durante el recorrido como para la presentación de los resultados de estas experiencias, comúnmente mediante mapas online. Estos mapas varían desde representaciones de las subjetividades como los mapas emocionales de Christian Nold (1), a mapas más políticos y sociales como Map Kibera (2)o más lúdicos como Ecocaching(3). Aunque presentan enfoques distintos, el objetivo de estos proyectos es similar a la idea de explorar la ciudad de los situacionistas.
En paralelo al surgimiento de estas prácticas artísticas, el desarrollo de las ciudades occidentales y sus necesidades de gestión dan lugar en la segunda mitad del siglo XX a las décadas doradas de la planificación urbanística, como una disciplina jerarquizada en manos de políticos, gestores y técnicos. La participación ciudadana en el diseño y la toma de decisiones es cada vez menor y circunscrita a cuestiones más irrelevantes. Esta época sacraliza la zonificación de usos en las ciudades, el desarrollo de los suburbios y los centros comerciales. Como consecuencia aumentan de forma drástica las necesidades de movilidad. El automóvil, primero en Estados Unidos pero después en Europa, se configura como la solución principal para los desplazamientos y la ciudad se piensa para facilitar la movilidad de los coches y sus conductores. Como resultado, los espacios públicos se convierten en meras rutas de tránsito.
El vaciado de los centros urbanos alcanza su máxima disfuncionalidad en los ochenta y noventa del siglo XX, lo que genera voces críticas que reivindican la participación ciudadana en la gestión urbana, una forma de urbanismo ‘de abajo arriba’. En la década del 2000, la explosión de la tecnología digital se convierte en un apoyo inesperado a la reivindicación de los espacios públicos. Inicialmente, la revisión crítica del espacio urbano a través de la tecnología surge como una forma de experimentación artística con prácticas de locative media con dispositivos móviles y GPS. El arte sale de Internet y de los espacios de exhibición y llega a la calle, al espacio público. Las posibilidades de coordinación que posibilitan los móviles y la mensajería SMS da lugar a los flash mobs, inicialmente a medio camino entre el juego y el arte para convertirse en cierto momento en una forma de protesta política.
En los últimos años, los móviles se han convertido en dispositivos de gran capacidad de cómputo dotados de GPS y mapas digitales que llevan camino de convertirse en herramientas cotidianas en la vida de la gente. En estos momentos, otro viejo tema de la investigación tecnológica y artística, como es la realidad aumentada, se está convirtiendo en una realidad comercial posibilitando la hibridación del espacio físico y digital de forma que es común obtener información digital contextualizada a la localización geográfica del usuario. Por tanto, en estos momentos vivimos en un espacio público ‘aumentado’ en el que las realidades física y digital se combinan. Nuestro uso de las calles ya no puede entenderse sin la influencia de la información digital que consumimos y producimos casi en tiempo real.
En este sentido, la psicogeografía nació como una forma de perderse en el espacio urbano con respecto a uno mismo y/o con respecto a los otros, una exploración de la ciudad desprovista de objetivos a priori. El mapa, en lugar de ser un instrumento de navegación, se convertía en un cuaderno de viaje. La disponibilidad de cartografía digital en dispositivos móviles hace hoy en día casi imposible la práctica de ‘perderse en la ciudad’, pero puede permitir nuevas formas de coordinación colectiva en tiempo real, procesos de autonomía en cierto modo similares a los generados por la deriva clásica.
Como contraposición a este ‘no perderse’, proporcionado por las tecnologías de geolocalización que nos acompañan en el día a día, surgen proyectos artísticos que con una gran carga de ironía pretenden que, de algún modo, nos sigamos perdiendo. Es el caso de la aplicación Serendipitor (4) creada por Mark Shepard, en la que el usuario elije los puntos de inicio y destino y deja que la aplicación le proporcione rutas más o menos complejas para el recorrido. Es diferente a la deriva situacionista, dado que ahora seguimos una ruta por GPS para perdernos, podremos tomar fotos del camino y las publicamos en tiempo real en Internet compartiéndolas en nuestras redes sociales. O sea, nuestro perderse contemporáneo también se hizo cartesiano. ¿Podemos considerarlo una nueva ciberpsicogeografía o ya se alejó tanto de las ideas situacionistas que será mejor buscar otras nomenclaturas?

1) http://emotionalcartography.net/
(2) http://mapkibera.org/
(3) http://ecocaching.net/
(4) http://serendipitor.net/


Referencias
BRUNO, G. Atlas of emotion : journeys in art, architecture, and film. New York: Verso, 2002.
DEBORD, G. Introduction to a Critique of Urban Geography. v. 2008: Les Lèvres Nues #6, Nothingness.org, 1955.
Theory of the Dérive. v. 2008: Bureau of Public Secrets, 1958.
GOLDSMITH, S. & ELIZABETH, L. (eds.). What We See: Advancing the Observations of Jane Jacobs.Oakland, California: New Village Press, 2010.
PUTNAM, R.D. Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community. New York: Simon & Schuster, 2000



La deriva - La Situationiste Internationale TEXTO DE APOYO PARA EL TP Nº 3



DERIVA

El termino de la Deriva (fran.: Dérive) fue inventado por los Situacionistas en los años 50a / 60a. Entre sus métodos de construcción de situaciones se encontraba el de la Dérive. Los Situacionistas erraban por la ciudad durante horas, o incluso uno o varios días seguidos, investigando caminos poco conocidos, dejándose llevar por los flujos de la ciudad, investigando la influencia del espacio físico-mental de la ciudad sobre su percepción y su fantasía. Se trata de una manera de intentar percibir la esencia auténtica de la ciudad, más allá de su cara oficial y representativa o de sus límites estructurales. Se trata de experimentar la ciudad salvaje, el espacio urbano incontrolable y en movimiento, semejante a un ser vivo.


La Deriva no es el único concepto artístico que enfoca en el hecho de descubrir la realidad de la ciudad sumergiéndose corporalmente en el espacio urbano. El Walk (el paseo) como método artístico de exploración del espacio urbano existe en muchas variantes. Empezando por el Flaneur, el tipo de literato que pasa sus días vagando por la ciudad observando y describiendo a gente, a flujos, al espacio físico, un típico personaje literario de Paris y Berlín de los años 20 y 30, pero que se encuentra a lo largo de todo el s XX describiendo ciudades desde New York hasta Marrakesh. Luego, con la introducción de los nuevos conceptos artísticos que incluían la acción, el cuerpo, el movimiento y el proceso a partir de la segunda mitad del s XX, varias corrientes artísticas recurren a diferentes prácticas investigar, explorar y trabajar la ciudad como espacio físico-mental urbano. El grupo Fluxus organiza los Free Fluxus-Tours, paseos organizados por New York en los 70. Lucius Burckhard funda en los años 80a la Promenadología, la ciencia del paseo. Varios artistas, como por ejemplo Stanley Brown, empiezan a trabajar el concepto del Mapping. Francis Allys, artista de Performance, se dedica desde el comienzo de los años ‘90 a dar Paseos, trabajos que consisten en diferentes variantes de caminar por la ciudad.

La curiosidad artística por el espacio urbano en todas sus facetas, sobre todo por lo perceptivo, los flujos, las atmósferas, las relaciones de poder etc., ha sido constante a lo largo de los últimos 50 años. El paseo, el walk, el itinerario urbano, el maping, la intervención urbana son maneras de sumergirse en la ciudad, de captar una o varias de sus múltiples capas, facetas o flujos poco controlables, de interaccionar con ese ser vivo y en movimiento que es la ciudad. Y tanto la ciudad como espacio en múltiples sentidos, como el método estético para explorarla son temas que están volviendo a ganar peso dentro del arte y del interés común, como demuestran tanto el boom que experimentó todo tipo de arte y de intervención urbana en los últimos años, como el interés actual de varios artistas subversivos y formales o varias exposiciones de museos internacionales sobre el tema.


La Situationiste Internationale


La Situationiste Internacionale (S.I.) era un colectivo de intelectuales y artistas de izquierdas fundado en 1957. Hay quien los denomina el último movimiento artístico vanguardista. Los Situacionistas proclamaban un concepto estético recién nacido en los años 60 y típico de esta época: el eliminar la barrera mental entre el arte y la vida. La vida misma genera formas estéticas, sólo hay que saber verlas; la vida misma genera el arte. El arte, sin embargo, tiene que enfocar y exponer la vida y generar la experiencia auténtica. Lo importante del arte, según este concepto, es generar una experiencia estética inmediata y directa. Otros artistas y tendencias artísticas de la época, como Allan Kaprow con el Happening, Joseph Beuys o el Fluxus trabajaban este concepto creando situaciones que generaran una experiencia auténtica al espectador – he aquí el nacimiento de la Performance.
Los Situacionistas, por su lado, más que crear situaciones bajo un concepto de crear arte, se echaron a la búsqueda de la experiencia de situaciones dentro de la vida real. Creaban las circunstancias para encontrarse con y generar situaciones intensas. Construían situaciones, transmitiendo el concepto estético a asuntos de la sociedad. “En un principio creemos que hay que cambiar el mundo”, empiezan su manifiesto sobre la construcción de situaciones.
Los Situacionistas empezaron a desarrollar una estrategia nueva para cambiar la vida en la ciudad. El método más importante dentro de este propósito era la “Dérive”: el vagar por la ciudad nocturna. […]En interminables paseos a través de la capital (Paris) investigaban y protocolaban Débord y sus “Flaneurs” radicales los límites de la conciencia y la influencia del entorno sobre la fantasía.
“Entre los diferentes métodos situationistas se encuentra la técnica de atravesar entornos variados a buen paso. El concepto de errar está inseparablemente unido con la exploración de efectos de naturaleza psico-geográficos y de la afirmación de un comportamiento lúdico constructivo.”
El errar es una forma de movimiento que rehuye e incluso usa para fines extraños las estructuras coaccionadoras funcionales de la ciudad un movimiento sin rumbo ni plan, menospreciando los caminos bien conocidos y gastados, prescindiendo de todo motivo conocido de movimiento y de actuación. Con el método de la Dérive se pretende hondear la ciudad como espacio de experiencias y de vivencias y de explorar las posibilidades de construir de situaciones en ella. La dérive sirve para la obtención de material, que los situacionistas utilizaban para su crítica del urbanismo actual. Los resultados de estos itinerarios errantes se plasmaban en mapas psicogeográficos. El errar era el método de los situacionistas empleado para sacar la luz “la verdad de la vida inmediata”. (Juri Steiner)

Entrevista a Francisco Careri

Entrevista a FRANCISCO CARERI

Entrevista a Francesco Careri, laboratorio de arte urbano Stalker/Osservatorio Nomade.


Por Jorge García de la Cámara

La reciente visita de Francesco Careri a Barcelona fue una excelente ocasión para conversar en torno a cuatro temas: ciudad contemporánea, aparendizaje de arquitectura, uso de tecnologías en registros urbanos y situación profesional.

Careri, es miembro co-fundador de Stalker/Osservatorio Nomade y autor del libro de referencia “Walkscapes. El andar como práctica estética” (Editorial Gustavo Gili. Barcelona 2002. Directora de la colección: Daniela Colafranceschi).





La sesión se inició con una visita a la exposición Fronteras del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), que dio pie a la animada conversación aquí recogida:
Jorge García de la Cámara (JGC): Acabamos de visitar la exposición Fronteras recién inaugurada por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), en la que se propone un recorrido transnacional al concepto de borde, a esos lugares de transformación, legitimidad o condena que son las fronteras contemporáneas. En tu conferencia de esta mañana, nos has estado hablando de la necesidad de colocaros en los espacios marginales de la ciudad para poder observarla y comprenderla, unos espacios cambiantes, nómadas, en constante desplazamiento cada vez que alguien trata de imponerles un orden. Tanto en la escala transnacional como en la transurbana, hablamos de un cambio de estado, de una condición diferente en el hecho de atravesar o estar. Desde todos estos años de experiencia en Stalker/Osservatorio Nomade, me gustaría que nos hablaras de tu idea de frontera, de esas líneas o lugares de transición, de los márgenes vitales de la ciudad.
Francesco Careri (FC): La palabra frontera me remite a cientos de ideas sobre las que hablar. Una muy interesante es la diferencia entre confín y frontera, ambos conceptos desarrollados por Piero Zanini en su libro “Signifcati del confine” (Bruno Mondadori, Milano 1997). Visitando la exposición del CCCB, hay un momento en que se nos muestra la frontera entre México y Estados Unidos en un lugar donde el muro ciego es sustituido por verjas. A través de ellas familiares y amigos de ambos lados, se pueden encontrar, hablar, tocar. Me pregunto por qué las fronteras no toman espesor y generar así un espacio en el que poderse sentar a hablar, refugiarse para hacer el amor… ¿Por qué no existen verdaderos espacios de frontera? Serían espacios de pertenencia a uno y otro lugar, y no a ninguno de ellos. Eso me interesa más que un muro o una línea.



Transborderline, el objeto que proyectamos en Osservatorio Nomade -con Stalker en 2000-, sintetiza la idea que tenemos de frontera, en el sentido estricto de ensanchar la línea. La ciudad contemporánea necesita de espacios de intercambio entre los ámbitos nómadas y sedentarios. Zonas francas en las que se pueda hacer cosas no permitidas en otras partes de la ciudad. Estas son las zonas fronterizas y centran la investigación desarrollada en Transborderline.
Otro aspecto que me interesa de la frontera son los pueblos nómadas, los rom, por ejemplo. No conocen fronteras y simbolizan uno de los problemas más urgentes de la humanidad. Un pueblo con lengua propia en todos los estados europeos, que nunca ha declarado guerra a nadie; un pueblo sin estado, y que a diferencia del pueblo judío, no está en su búsqueda -la búsqueda de una patria, una tierra prometida-. Su estado es toda la tierra. Resulta increíble cómo nuestra cultura no lo acepta y se empeña en hacerlo desaparecer, transformarlo completamente, como si no estuviera legitimizado a existir.
En la actualidad desarrollamos una investigación en Roma, “Sui letti del fiume” (sobre los lechos del río), un trabajo realizado con los alumnos de Roma Tre, siguiendo el curso del Tíber desde la costa ostiense hasta Roma, en el que tratamos de conocer la realidad de las personas que duermen junto al río. A lo largo de su curso, viven muchas más personas de lo que cualquier romano pudiera imaginar.
Hay personas viviendo en palacitos, muchas originarias de Rumanía, también de Bosnia; hay otras viviendo en caravanas y que nunca aceptarían vivir en una casa convencional; sin embargo, otras, reclaman el vivir en una habitación estándar… El mundo nómada en Roma es un mundo diferenciado y complejo, en el que es difícil llegar a conclusiones.
Por ejemplo, hace unos días visitamos un campamento con más de 500 personas viviendo bajo una autopista, un lugar prácticamente sin luz, enfermo, agónico. Resulta increíble la naturalidad con la que las personas pueden vivir en esas condiciones. Hay una contradicción difícil de comprender: al tiempo que se lamentan de vivir en ese lugar, se muestran resignados, acostumbrados.
No planteamos dar una respuesta a todas estas situaciones. Nuestro interés está en las estrategias para conocer una realidad, reflexionar sobre ella y desvelarla. En Roma se desconoce la realidad de los márgenes del río. Me gustaría poder estimular la opinión pública para que también otros pudieran reflexionar y activar posicionamientos ante un tema tan urgente.
JGC: Stalker, como colectivo, surge a raíz de las movilizaciones universitarias en la Italia de los primeros años 90. Toda esa energía concentrada en el movimiento La Pantera supuso un revulsivo y una incitación a revelaros contra la enseñanza de arquitectura recibida y sobre los modelos de construcción de ciudad propuestos. A veinte años vista, ¿qué universidad te encuentras en 2007 y cuál es tu poscionamiento en torno a la docencia sobre la experiencia de la ciudad?
FC: Empecé en la docencia pronto. Cuando en 1994 tuve un curso en Francia –en Italia resultaba imposible- comprendí que era factible transmitir el pensamiento Stalker; un pensamiento que se podía comprender, algo de lo que se podía hablar, y en el que los jóvenes estudiantes podían participar activamente. Desde entonces, he desarrollado workshops por todo el mundo, siempre proponiendo temas de trabajo que me habría gustado me propusieran cuando era estudiante.
Ahora, en Roma Tre, he podido desarrollar un proyecto académico, “Arte civica”, desde el que dar testimonio a las transformaciones de nuestro territorio inmediato. El curso se estructura en torno a una serie de caminatas semanales con los estudiantes por los alrededores de Roma. Este tipo de trabajos abre de manera extraordinaria la mentalidad de los alumnos, especialmente en un momento en el que los estudiantes de arquitectura apenas se paran a conocer su ciudad y difícilmente salen del circuito Universidad-casa-ocio nocturno. Casi no saben dónde viven.
Algo ocurre en las Escuelas de Arquitectura y Bellas Artes, y es que tratamos de formar “singulares mediáticos”, como si algún día todos ellos pudieran ser un Frank Gehry o un Jean Nouvel. Es una gran estafa, y sobre todo, no es lo que éticamente hemos de hacer y enseñar. Es denunciable esa incitación a la constante búsqueda por ser diferente a los otros, ese permanente estado de competición.
JGC: La masificación de las ciudades y la competitividad del mercado profesional dan por válido más que nunca el lema infantil “solo no puedes, con amigos sí” como mecanismo de supervivencia.
FC: Sí, pero el ideal es ser el dueño de un grupo.
JGC: Sí, de acuerdo, pero alrededor del dueño del grupo necesariamente ha de haber siempre un grupo de profesionales trabajando en equipo. No ser consciente de ello es ir en contra de las reglas del mercado. Incluso cada vez más, ese “dueño del grupo” tiende a diluirse, a desparecer, a convertirse en mera comparsa.
FC: Lo que me gustaría que comprendiesen los estudiantes es que hay otras formas de trabajo, otros ideales, que es posible hacer una arquitectura, no sólo y necesariamente “low-tech” y económica, sino también sensible con los problemas del lugar. Si hay un problema, hay arquitectura. Hay infinidad de maneras de transformar los problemas, de afrontarlos.
JGC: Es habitual en los trabajos de los alumnos sobre problemas urbanos observar lecturas estrictamente negativas sobre realidades concretas, sin atender a lo que encierran de oportunidad. ¿De qué forma estimulas a un cambio de actitud que vea oportunidad ahí donde sólo se ve fracaso?
FC: Una cosa que aprenden los estudiantes es a dar importancia a sus capacidades relacionales, a darse cuenta que estudiar arquitectura no solo es dibujar, hacer una maquetas bonitas, sino también hablar con los otros, preguntar, enriquecerse. No se trata estrictamente de participación. Hoy esta palabra tiene infinidad de significados, unos interesantes, otros interesados; interesados en la construcción del consenso.
JGC: En España muchos municipios han adoptado el modelo de participación para dar salida a proyectos urbanísticos conflictivos, si bien, son pocos los grupos vecinales, asociaciones y colectivos que a día de hoy siguen creyendo en la acepción administrativa de participación.
FC: Sí, en Italia ocurre algo parecido. Por eso es importante que el alumno sea consciente de su poder relacional en cualquier parte y situación. Es una herramienta que le sirve, no solo para resolver, sino también para conocer los problemas. No es por tanto hacer participar a los otros en tú idea, sino participar tú en el proceso de transformación del espacio. Si uno no es capaz de escuchar, es imposible a la larga poder comprender.
JGC: En estos años de experiencia docente por Europa y el continente americano, ¿qué diferencias y similitudes has podido observar en las maneras de aproximarse, entender y vivir aspectos inherentes del hecho urbano?
FC: Hablemos por ejemplo de la seguridad, un concepto global. Todo el espacio está ahora bajo la dictadura de la seguridad; es casi el primer criterio de organización del espacio. Cada uno de nosotros paga un precio por ello. En Bogotá, por ejemplo, este doble sentido es muy claro. Bogotá es la ciudad más segura de toda Colombia, en el sentido que en los pequeños pueblos te puede pasar cualquier cosa, tus hijos pueden ser llevados a la guerra con tan sólo diez años… Así, un grueso de Colombia está huyendo a Bogotá, a sus chavelas. Sin embargo, eso no significa que Bogotá sea una ciudad segura, pero sí que sea la más segura.
En Estados Unidos, por ejemplo San Francisco, he comprendido el riesgo de muerte que encierra atravesar una propiedad privada. La ley ampara al propietario para poderte disparar si entras en el espacio de su propiedad. En el Mediterráneo existe el concepto de propiedad privada, pero es bien diferente. Por ejemplo, Cerdeña es una isla llena de verjas; su sentido está en mantener a los animales controlados, si bien no impiden a uno atravesar el territorio. En Roma, cuando caminamos con nuestros estudiantes, a veces ocurre que atraviesas una propiedad privada, pero es tan sencillo como explicar la intención al propietario y él te permitirá atravesarlo.


JGC: Siguiendo en el terreno docente, y dando el salto en esta ocasión a Barcelona, habéis desarrollado recientemente un proyecto de transurbancia por su área metropolitana: “Rieres/Rambles”. En un momento en el que se cuestiona el modelo Barcelona, no solo en ámbitos locales, sino también en determinados círculos internacionales, me gustaría que nos hablaras del inconsciente de la ciudad. ¿Qué está pasando?
FC: No participé directamente en estos cinco recorridos, fue Lorenzo Romito quien estuvo detrás de ello, si bien, he seguido de cerca la actividad. Lorenzo me ha explicado la complejidad del territorio a esa escala. Hay muchos ámbitos diferentes de gran complejidad en sentido paisajístico, por lo que prefiero hablar desde mi experiencia en la escala urbana. Barcelona es una ciudad joven, que vive actualmente en gran medida del turismo, de los estudiantes y postgrados. Es como si estuviera tomando el lugar de ciudades de París, Ámsterdam… Barcelona es una ciudad cada vez más violentamente turística, y por tanto, con menor sensibilidad hacia las necesidades de sus habitantes. Me refiero al Poble Nou, al Forat de la Vergonya… Se ha sobrepasado todo. No se puede construir una ciudad exclusivamente para los otros, para los turistas, para los ricos, para los estudiantes, para la gente que ha de divertirse y echar o ignorar a los otros de la forma en que se está haciendo. Se ha normalizado el construir ciudades para unas determinadas visibilidades, y ahí claramente, perdemos todos.
JGC: En ese interés por los recorridos inconscientes en torno a la ciudad y que recoge el testigo de las vanguardias y prácticas artísticas del siglo XX, me gustaría que nos explicaras cómo se entiende la convivencia simultánea de inconsciencia y posicionamiento crítico sobre el hecho urbano contemporáneo.
FC: Esta pregunta no me la habían formulado nunca antes. Cuando hablamos en la práctica del inconsciente, hablamos de cómo perderse, de una estrategia sobre el saberse perder para encontrar las “partes calientes” de la ciudad, dónde residen los problemas y hacerlos tangibles, emergentes. Por otra parte, la crítica es en parte un a priori. Si tu decides emprender una acción como el caminar por la ciudad, nunca es del todo inconsciente. También la “deriva” situacionista de Guy Debord se construye sobre ese a priori.
Nunca es verdad que uno se pierda completamente. La pérdida es en realidad una voluntad por encontrar algo que intuyes y que quieres conocer… Y muchas veces hay sorpresas. En ocasiones, uno parte sin una intencionalidad y la intuición lleva a un determinado lugar de forma inexplicable. Es como si hubiera un magnetismo. Por tanto, la crítica no solo es a posteriori; va implícita en el mismo hecho de querer recorrer sin rumbo. Mientras estás mirando, recorriendo, ya estás ejerciendo crítica.
En cualquier caso, me gusta dejar en suspenso las respuestas a los espacios, no resolverlas y frecuentar las incógnitas.
JGC: Retrospectivamente, Stalker/Osservatorio Nomade surge en los noventa al tiempo que se va extendiendo el uso de Internet y la informática como herramienta habitual de trabajo. En ese crecimiento paralelo hasta nuestros días y en tanto que grupo interesado en las prácticas reales colectivas, ¿cómo entendéis el fenómeno 2.0?
FC: Damos mucha importancia a la tecnología. Es un instrumento democrático espléndido para la gestión del espacio físico. Al principio lo empleábamos únicamente para explicar lo que estábamos haciendo. Nuestro sitio original, stalkerlab.it, clausurado en 2002, no era interactivo; se trataba únicamente de un instrumento para la representación de proyectos. Ahora, en cambio, todo proyecto que desarrollamos va acompañado de un sitio web.
Uno de los que ha funcionado muy bien es
“Campagna Romana” un proyecto de 8 recorridos en torno a Roma. Quizás es el proyecto de mayor complejidad y con un mejor aprovechamiento de las posibilidades que ofrece Internet.
Otra experiencia fue el blog sobre Corviale, el bloque de viviendas de 1 km de longitud y más de 8000 habitantes a escasos 8 km de Roma. Y aquí debo decir que es una pena que no nos hayan comprendido, apoyado. En Corviale los ratio ordenador/habitante, no son muy elevados, pero bien puede plantearse la posibilidad del wireless y presentar a través del blog, por un lado, problemas de escala general para el complejo Corivale; y por otro, los de escala más pequeña –por ejemplo, los de un determinado portal de vecinos: limpiar, cambiar bombillas de la escalera… para lo que no es necesario que los 8000 habitantes se pongan de acuerdo-.
Así, hay una posibilidad enorme de gestión del territorio a diferentes escalas. Es un sistema democrático que se puede organizar. Debiera ser objetivo de todos: administración y vecinos.
JGC: Para terminar, quisiera que habláramos de un aspecto de la realidad profesional con que se encuentran los jóvenes arquitectos. En un momento de clara redefinición profesional, de unos ratios insostenibles “número de habitantes/arquitecto” – en Roma, por ejemplo este ratio está en 516 habitantes por cada profesional (ver proyecto Wonderland)- cada uno trata de buscar mecanismos de supervivencia. En un sector sensible como es el de los profesionales que se inician en el mercado laboral, se hace evidente la dificultad en materializar obra construida y se traduce en una tendencia, respaldada en numerosas ocasiones desde lo institucional, en las prácticas efímeras, en las intervenciones de formato breve, más ágiles, de bajo coste y susceptibles de vincularse a ámbitos de investigación que una inmensa mayoría de la obra construida no admite.
FC: Cuando nosotros empezamos, este boom no existía. En realidad, no inventábamos nada, pues éramos herederos de prácticas ya desarrolladas en los 70, pero lo reinventamos. Hace unos días en San Francisco conocí a unos jóvenes que hacen tomas de jardines, instalaciones urbanas… se ven como pioneros de estas prácticas. Esta constante reinvención es algo que siempre ha ocurrido.
El problema es cuando las prácticas se institucionalizan en exceso y se convierten en mecanismo de subsistencia profesional. En cualquier caso, es importante para los estudiantes y jóvenes arquitectos el trabajo en las instalaciones urbanas, asistir en primera fila y con las propias manos a la transformación del espacio. Una manera de dejar el dibujo y empezar a implicarse en la casa, en el barrio, en la ciudad.
JGC: Esto debiera poner en evidencia, tras unos felices 80 y 90 de autocelebración profesional, una aproximación a la calle, a lo cotidiano, un acento a los aspectos sociales y políticos implícitos en la arquitectura.
FC: Sí, eso es cierto y bueno. Pero no podemos hacer que estas prácticas se conviertan en excusa para visibilizar firmas profesionales en el espacio urbano. Estas prácticas debieran entenderse como servicio público. Me interesan cuando constituyen algo verdaderamente sentido, reflexionado, necesario. Por el contrario, si se convierten en festival institucional para que los jóvenes trabajen con formas, espacios, etc. quedan completamente en entredicho. Lo interesante es que los jóvenes lo hagan donde verdaderamente crean que hay necesidad de hacerlo. Abrir recorridos donde antes no era posible, abrir y cortar verjas, permitir pasos… puede ser entendido en ocasiones como una “gran obra de infraestructura”.
Otra cosa que diría a los jóvenes arquitectos es que ampliaran su concepción de lo que es la arquitectura. La arquitectura que nos dicen que es la verdadera arquitectura, suele ser una arquitectura impuesta siempre por el poder: las nuevas tecnologías, las grandes firmas internacionales, el uso de las compañías privadas de estas firmas… todo resulta una locura en términos éticos, económicos. Y también un sinsentido… porque un estudiante de arquitectura, cuando ejerza, difícilmente podrá alcanzar los grandes proyectos presentados en suplementos dominicales y revistas de moda.
JGC: Eso convierte en ocasiones a muchas escuelas de arquitectura en verdaderas máquinas de frustración profesional, desde el momento que “entrenan” para un determinado tipo de perfil que no tiene cabida en el mercado real. Desde ese desajuste se entiende el creciente descrédito de la profesión y que sean precisamente no-arquitectos quienes más y mejor hablen sobre nuestras ciudades. En el caso particular español: Manuel Delgado, antropólogo; Franscesc Muñoz, geógrafo; José Miguel Iribas, sociólogo….

FC: Estoy muy de acuerdo. Una cosa que me llama la atención de Barcelona (se podría decir España) es el desinterés de los arquitectos. Nadie se posiciona, nadie critica. Los arquitectos parecen muy preocupados por perder sus clientes, sean de la administración o privados. El colectivo barcelonés de arquitectos es muy autocomplaciente. Ignasi de Solà-Morales, Enric Miralles, eran personajes activos siempre … no sé qué ocurre ahora. Las jóvenes generaciones de arquitectos están calladas.