Sobre el arte en el mundo no –artístico



Tania Correa Bohórquez SociólogaventureraSocióloga con maestría en Ciencias Sociales. Interesada en la sociología del arte y los estudios de género.


En la historia del arte hay debates que se han mantenido a lo largo de los siglos: ¿qué es el arte? ¿Cuál es su función? ¿Debe tener una función? ¿Cuál es la relación del arte con el poder? En esta oportunidad haré algunos apuntes al debate sobre la relación entre el arte y el público, presentando algunas de las tendencias y posturas sobre este tema. Igualmente exploraré las posibilidades del arte como acción política con capacidad de interpelación y transformación. Algunas personas cuando piensan en arte piensan en algo lejano, asociado a galerías y museos, ajeno completamente al cotidiano vivir, por ende, espacio de especialistas y artistas aislados del resto del mundo, del no-arte. Otras posturas no establecen una división tan tajante y abogan por un espacio estético que inunda la cotidianidad, que puede ser político y en el que cualquier persona puede participar. Yo parto de considerar el arte como un proceso social que cambia dependiendo del contexto sociohistórico. En el contexto actual se han propiciado ‘prácticas artísticas’ que transforman la relación artista-público y en las que se pasa del papel de ‘espectador’ a una participación o interacción diferente.


Estética relacional: el arte como punto de encuentro


En esta discusión está inserto el trabajo de Nicolás Bourriand, quien propone una ‘estética relacional’ en la que el arte es entendido como un intersticio social en el que se da una elaboración colectiva de sentido. Hay una relación entre artista y público que no es plana (emisión-recepción) sino que precisamente implica un punto de encuentro, de relación entre los dos, a través del arte (Bourriand, 1998). Sin embargo, este autor sitúa su análisis en los espacios tradicionales del arte, museo y galería, limitando las posibilidades de encuentro de las obras de arte en otros espacios.  Esta corriente ha sido criticada por Claire Bishop (2004), quien retoma el debate sobre el espectador y se pregunta acerca de cómo las obras logran ese punto de encuentro, argumentando que son procesos, y no momentos de encuentro, los que se generan en el arte. El problema de la postura de Bourriand, según Bishop, es cómo clasificar la estructura del arte como política, es decir, aceptando que hay arte relacional, el punto es mostrar qué tipo de relaciones se construyen ahí y cuál es el objetivo de lograr un espacio de relacionamiento entre la gente.  Los artistas se comienzan a cuestionar sobre el objetivo y el modo en que se crea el arte, que no necesariamente tiene forma de ‘obra’. Este es el argumento del arte no objetual, que hace énfasis en el arte como proceso, como acción y como espacio de encuentro más que como ‘obra’. Al respecto Clemente Padín señala, en una frase que sintetiza la postura de los que abogan por el arte inobjetual, que: “La obra depende del acto creador-consumidor. La obra existe en cuanto se crea-consume, desaparece. La obra es el acto”[1] (2009: 43). En un escenario extremo de esta posibilidad está la corriente del arte efímero en la que la obra se consume en el momento de performarlo, y además interactúa con el público, trasladando el papel del artista como intérprete o realizador a un conductor, la persona que posibilita los procesos pero sin ser el único actor en escena.

Arte contextual

En torno a la relación del arte con su contexto, con lo político y con la posibilidad de acción, durante la década del 70, surgen en Estados Unidos y Reino Unido una serie de tendencias que se desarrollan posteriormente y que tienen en común una noción del artista como un actor crítico que se relaciona con los contextos sociales en los que vive y que puede realizar prácticas artísticas con gente de los lugares. Una de las corrientes vigentes en la actualidad es la del ‘arte contextual’ que se define como: […] el conjunto de las formas de expresión artística que difieren de la obra de arte en el sentido tradicional: arte de intervención y arte comprometido de carácter activista (happenings en espacio público, “maniobras”), arte que se apodera del espacio urbano o del paisaje (performances de calle, arte paisajístico en situación…), estéticas llamadas participativas o activas en el campo de la economía, de los medios de comunicación o del espectáculo (Ardenne, 2006: 10)Es un arte ligado al espacio público, relacionado con activismo por parte de quienes lo realizan y que toma en cuenta la interacción con personas por fuera del medio artístico. Al igual que las tendencias ya presentadas parte de una concepción del arte como un proceso social inmerso en contextos específicos de los que es imposible aislar.

Arte dialógico

En un análisis más específico sobre el tipo de comunicación que facilita el arte. Kester (2004) propone el ‘arte dialógico’ profundizando sobre el papel del artista como sujeto en relación con otros, lo que quiere decir que hay posibilidad de intercambio, diálogo, comunicación entre artista y ‘público’. En este contexto la posibilidad de lo político está dada por el tipo de interpelación que haga el artista sobre su público y viceversa, y en la posibilidad de construir espacios de diálogo en el que surjan acciones. No obstante estos autores no proponen directamente un accionar político o social con el arte, sino que reconocen la posibilidad de intercambio, comunicación y acción. Son los artistas comunitarios o colaborativos los que relacionan esta interacción con problemáticas y situaciones que afectan directamente a la comunidad participante y frente a las cuales el arte interpela, acciona y reacciona.

Arte comunitario o colaborativo

Abarca una amplia gama de prácticas posibles, haciendo énfasis en el proceso y la participación, por encima de la ‘obra’. En relación con el arte público, el término arte comunitario se asocia a un tipo de prácticas que buscan una implicación con el contexto social, que persiguen, por encima de unos logros estéticos, un beneficio o mejora social y sobre todo, que favorecen la colaboración y la participación de las comunidades implicadas en la realización de la obra. (Palacios, 2009: 199)Algunas posturas (Cleveland, 2010 y Adams; Goldbar, 2001), relacionan directamente proyectos de arte comunitario con desarrollo sostenible de las comunidades (Art Based Community Development ‘Desarrollo comunitario basado en el arte’), enfocándose en actividades de educación e información, movilización e inspiración, saneamiento y construcción y mejoramiento de las capacidades e infraestructura comunitaria (Cleveland, 2011). Con un enfoque más político se encuentran los estudios sobre ‘arte público de nuevo género’ (Lacy, 1995) que se centran en prácticas artísticas en espacios públicos que tratan problemáticas sociales, relacionan varios temas: comunicación, relación política con la comunidad, lo público, lugares de encuentro. Este concepto reevalúa la noción tradicional de arte público ligado a monumentos o definido únicamente por el lugar en el que se ubica la obra. De esta manera, abre una posibilidad a la realización de intervenciones en espacios públicos con un sentido político y con previa comunicación con la comunidad, que no finaliza con la obra, pues esta se reinterpreta y se configura como un lugar de encuentro incluso después de terminada. Otro punto de discusión dentro del arte público tiene relación con el ‘arte de sitio específico’ (site specific art) entendido como una obra pensada y construida particularmente para un sitio, de amplio uso en las ciudades en intervenciones urbanas. Este tipo de arte, al relacionarse con el arte público de nuevo género y con las prácticas de tipo comunitario (Kwon, 2004), enfrenta la discusión sobre lo que es particular de cada sitio ¿puede ser un sitio social, político, cultural? ¿Cómo varía el significado de las obras respecto al lugar y el público que las ve? En el arte colaborativo se tiene en cuenta el contexto; en este tipo de intervenciones también pero se hace énfasis en la particularidad de ese contexto. Los artistas atraídos por lo local (Lippard, 1997) se ven enfrentados a la diversidad al interior de los territorios, a sus propios prejuicios o idealizaciones antes de conocer el lugar, a la propia voluntad de los habitantes -ya que la comunidad elije qué mostrar y cómo interactuar con los artistas-, a los sitios desde donde la comunidad habla, pero también desde donde hablan las instituciones que los y las legitiman. Esto diversifica las historias pero no excluye que haya procesos similares en diversos contextos.

Activismo

A partir de los años 70, todo un conjunto de propuestas prácticas surgen desde los artistas que exploran el arte como activismo. Según Nina Felshin las características principales del arte como activismo son: que es procesual, tiene lugar generalmente en emplazamientos públicos, toma forma de intervención temporal, emplea técnicas de medios de comunicación y emplea métodos colaborativos de ejecución (2001: 74).De los colectivos pioneros de arte-activista cabe destacar ACT UP (Aids coalition to unleash power) que surge en Nueva York en 1987 “por el fin de la crisis del Sida” y que realiza performance, intervenciones y propaganda cultural buscando cambiar las representaciones sobre el Sida desde la práctica cultural. En el marco del activismo por los derechos de las mujeres se encuentran los colectivos WAC (Women’s Action Coalition) -fundado en 1989- y Guerrilla Girls. El primero llegó a expandirse a más de 30 ciudades alrededor del mundo en 1993 y se enfocaba en la denuncia de problemáticas de violencia contra las mujeres, homofobia y racismo mediante la acción directa; el segundo colectivo centra su acción en denunciar y trasformar la exclusión de las mujeres en el mundo del arte; son conocidas por el diseño de afiches que se difunden en calles y medios electrónicos. En los últimos años, diversos colectivos han incursionado en el uso de medios de comunicación, internet, redes sociales y nuevas tecnologías. Una experiencia de ‘artivismo’ muy conocida es la que se dio en la etapa postdictatorial del Cono sur. Los movimientos de derechos humanos incorporaron a su repertorio expresiones artísticas como estrategia de lucha. El caso más emblemático son los ‘escraches’ realizados por la organización H.I.J.O.S., quienes, en colaboración con el Grupo Arte Callejero, hicieron actos de acusación pública y señalamiento a participantes de la dictadura en un performance de carácter festivo, acompañados de elementos simbólicos y teatrales. Otro caso interesante es el colectivo peruano Arte Por la Memoria que pretende realizar un ejercicio de construcción de memoria de los 20 años de conflicto armado entre Sendero Luminoso y el Ejército Peruano. En este caso el arte se ha utilizado para la conmemoración, se han elaborado galerías de la memoria que conjugan las representaciones y simbolismos de obras artísticas con la salvaguarda de una memoria histórica que busca comunicar y difundir lo que ocurrió durante el conflicto. En Colombia, en comunidades afectadas por el conflicto armado se han utilizado espacios de expresión artística en proyectos de construcción comunitaria. En estos casos, el uso de técnicas artísticas se ha dado de varios modos: por un lado ONG, con apoyo de cooperación internacional, han apoyado procesos de construcción de memoria sobre masacres y fortalecimiento de lazos comunitarios en los que se utilizan técnicas artísticas encaminadas al establecimiento de monumentos y marcas conmemorativas. Es el caso de la comunidad de paz de San José de Apartadó y del parque de las víctimas en Trujillo, dos comunidades rurales que sufrieron masacres en las últimas décadas y cuyo proceso de organización, memoria y demanda de justicia es reconocido a nivel nacional. Otra serie de proyectos se han propuesto como alternativas a la violencia urbana en zonas periféricas de las ciudades. Es el caso del ejercicio de arte público comunitario realizado por Pilar Riaño y Suzanne Lacy en el Barrio Antioquia de la ciudad de Medellín (con una historia marcada por la exclusión, las tensiones sociales y las violencias). La intervención consistió en un museo de la memoria construido por los habitantes del sector y que tuvo lugar en un bus urbano que transitó por la ciudad (Riaño, 1997).En este campo hay un sinnúmero de ejemplos, presenté solo unos pocos casos a manera de ilustración de las posibilidades que hay para reinventar las prácticas artísticas y generar nuevos escenarios de acción política y social. Para finalizar quiero mencionar una iniciativa actualmente activa en Latinoamérica: La plataforma puente Cultura Viva Comunitaria (que agrupa a redes de organizaciones que trabajan desde la cultura y la acción comunitaria, apuntado al trabajo conjunto, la articulación y la generación de políticas públicas).


Una invitación

Independientemente de la tendencia con la que se vean identificados el llamado es a valorar nuevas formas de actuar político y considerar las prácticas artísticas como una vía de transformación, una posibilidad de actuar colaborativamente, un medio de expresión y un espacio de construcción de proyectos y encuentros desde la cotidianidad. Para cerrar, dejo la invitación abierta a conocer los proyectos de arte que hay en cada rincón del país, a construir nuevos y reinventar espacios creativos en las aventuras cotidianas.

1.“A obra depende do ato criador-consumidor. A obra existe en cuanto se cria-consumida, desaparece. A obra e o acto”. Traducción propia.

REFERENCIAS

•Adams, D.; Goldbar, A. (2001): Creative Community. The Art of Cultural Development. New York: Rockefeller Foundation.
•Ardenne, Paul (2006 [2002]). Un arte contextual. Creación artística en medio urbano, en situación, de intervención, de participación. Murcia: Azarbe.
•Bishop, Claire (2004). “Antagonism and Relational Aesthetics”. October, Vol. 110: 51-79.
•Bourriand, Nicolas (1998). “Estética relacional” en Paloma Blanco et. Al. Editores. Modos de hacer: arte crítico, esfera pública y acción directa. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
•Cleveland, William. 2011. “Arts-based Community Development: Mapping the Terrain” Americans for the Arts. Disponible en:
•Felshin, Nina (2001). “¿Pero esto es arte? El espíritu del arte como activismo” en Paloma Blanco et. Al. Editores. Modos de hacer: arte crítico, esfera pública y acción directa. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
•Kester, Grant (2004). Conversation Pieces. Community + Communication in Modern Art. Berkeley: University of California Press.
•Kwon, Miwon (2002). “From Site to Community in New Genre Public Art” en One Place After Another: Site‐Specific Art and Locational Identity. Cambridge: MIT.
•Lacy, Suzanne (ed.) (1995). Mapping the Terrain: New Genre Public Art. Seattle: Bay Press.
•Lippard, Lucy (1997).  The Lure of the Local: Senses of Place in a Multicentered Society. New York: The New Press, 1997.
•Padín, Clemente (2009). “Arte inobjetal: da representação à ação” en Cristina Freire y Ana Longoni. Orgs. Conceptualismos del sur/sul. Sao Paulo: Annablume.
•Palacios, Alfredo.(2009) “El arte comunitario: origen y evolución de las prácticas artísticas colaborativas” en  Arteterapia: papeles de arteterapia y educación artística para la inclusión social. Nº. 4: 197-212
•Riaño, Pilar (1997). “Encuentros artísticos con el dolor, la memoria y las violencias”. En: Íconos: revista de Ciencias Sociales. Año 2005. N.21: 91-104

¿Se hace camino al andar?

Escrita por : Maria Amelia Bulhoes

La caminata como forma de expresión artística.
El arte ha buscado, en la modernidad, crear un campo de autonomía, libertándose de las tareas de representación y de su sumisión a los contenidos religiosos o políticos. Sin embargo, la excepcionalidad de la obra de arte y la sacralidad de los museos parecen haber, a lo largo del tiempo, alejado del público común, o negado a él, ciertas vivencias estéticas que podrían hacer parte de sus vidas cotidianas. Esa condición de distanciamiento del público y de la vida real inquieta algunos artistas en muchos momentos y en muchos lugares. Las vanguardias, en diferentes regiones del mundo, a partir de los modelos de inquietudes europeos, buscaron aproximar el arte de las experiencias de la vida diaria de las más diferentes formas. La necesidad de aproximación a un público más amplio pasó a ser objeto de las inquietudes de los artistas, principalmente con la expansión del consumo cultural – que en Europa se dio en el siglo XIX, y en Brasil, en el siglo XX. Inúmeras formas de tornar el arte menos distante y circunscrita a los espacios de los museos fueron propuestas, y muchas experiencias se desarrollaron.
Entre esas formas, el desplazamiento físico, en los ambientes urbanos o naturales, surgió como un medio de explorar sensitivamente el mundo y descubrir cómo la presencia del cuerpo en movimiento en el espacio podría ser fuente de una vivencia poética muy fuerte. Esas experimentaciones de derivas se inauguraron con los dadaístas (sus derivas eran aleatorias), se consolidaron con los situacionistas (sus caminatas eran más objetivas y funcionales) y se fueron desarrollando como procesos artísticos individuales en la contemporaneidad.
Incluso en el ambiente virtual de la internet, artistas como Daniel Belasco realizan caminatas como parte de sus proyectos creativos, y utilizando GPS construyen diseños que documentan y dejan los vestigios visuales de esos desplazamientos.
La tendencia del arte de cuestionar el sistema ritualístico y el objeto de arte dio origen a muchas experiencias en el sentido de asumir el caminar como proceso creativo y como modo de conocer, vivenciar y dejar su testimonio. En el ámbito de esas experimentaciones está la muestra “Walking/Caminar”, expuesta en San Pablo, en el Paço das Artes. De acuerdo con el curador Giorgio Ronna, la exposición surgió de la lectura de algunos autores que desarrollan reflexiones sobre el acto de caminar: Henry David Thoureau (Caminar), Jean-Jacques Rousseau (Ensoñaciones de un caminante solitario), Walter Benjamin (E flanêur) e João do Rio (El ama encantadora de las calles). Hay que destacar que abundante bibliografía sobre este tema, tanto en la literatura como en el campo de las artes visuales, se desarrolló a partir de la modernidad, y puede ser buscada por quienes se interesen.
En la muestra “Walking” están articulados los trabajos de cinco artistas que encontraron en la caminata un elemento fundamental de sus procesos de trabajo. Brígida Baltar desarrolla un proyecto que la aproxima de las tendencias surrealistas, al caminar intentando captar la niebla en un frasco. Un vídeo y algunas fotos de su imposible tarea documentan esa experiencia onírica de adentrar en la bruma y en ella casi desaparecer.
Brígida Baltar. A coleta da neblina
Brígida Baltar. A coleta da neblina
En otro proceso, Marina Camargo anda por un camino montañoso en los Alpes, con el intento de acaparar el paisaje, recortando en una hoja de papel las siluetas de las montañas a partir de algunos puntos de observación. Enseguida, sobrepone las tarjetas recortadas a los contornos de la irregular topografía, dejando percibir cómo la representación es falla e incompleta. Es como si la artista estuviera tratando de captar en el papel aquel paisaje que va descubriendo al caminar, para de ella se apropiar poéticamente en una vídeo-instalación que documenta esa forma de vivenciar el paisaje.
Marina Camargo
Marina Camargo
La intervención de Lia Chaia es en el paisaje urbano: ella va dibujando su recorrido por la ciudad de Paris al aplicar balones coloreados en las estructuras de hierro que se distribuyen en las veredas por la ciudad. Las fotos del proyecto “Globo Celeste” permanecen como memoria de este recorrido, documentando su pasaje y su acción poética. Un cuerpo invisible cuyos rastros coloreados distribuidos en la escena fría del paisaje establecen una otra lectura de la realidad.
Globo celeste
Globo celeste
También urbanas son las caminatas que realizan Marion Velasco y Christa Ziegler, siendo que, para ellas, el tiempo funciona como parte del proceso de captación de las imágenes. Marion, en el serial “Erragem/Vagar”, indaga sobre las relaciones del cuerpo con la ciudad, tomando la arquitectura como vestidura. Ella permanece horas en la confusión de la región central para fotografiar una persona que se esconde sentada bajo una frazada. Ella ve aquél que no quiere ser visto, y que incluso envuelto por el torbellino de los sonidos y del movimiento en su alrededor, parece ajeno a todo. Sentada, la figura parece hablar de la necesidad de buscar un espacio personal en la impersonalidad de la gran ciudad. Acompaña esta imagen fotográfica la grabación, hecha por la artista, de los ruidos de la calle, que se ofrece al espectador en dos audiófonos, uno con sonido bien alto y estridente, otro casi inaudible, como si los mismos sonidos pudieran ser oídos de formas diferenciadas por los transeúntes.
Marion Velasco. Erragem
Marion Velasco. Erragem
Christa Ziegler ha recorrido a pie decenas de ciudades por todo el mundo con una cámara de medio formato, procurando preservar la naturalidad con que los transeúntes se manifiestan en el espacio urbano. Ella hace de su recorrido una forma de documentación de las proximidades y de los alejamientos que las ciudades propician. Las imágenes, en negro y blanco, en baja resolución, parecen suspender el tiempo. Instaladas en conjuntos de cuatro, ellas muestran cómo la artista fue construyendo su mirada de viajante, cómo fue encontrando las significaciones en cada ciudad visitada. Los nombres de las ciudades – Delhi, Hong Kong, Los Ángeles… – puestos junto a cada conjunto de imágenes proyectado, permiten que el visitante acompañe el recorrido de la artista, percibiendo la red de interrelaciones que emerge de la combinación de esos fragmentos, en una especie de narrativa a un tiempo documental y ficcional.
Christa Ziegler – Cidades
Christa Ziegler – Cidades
Esas diferentes formas de pensar y elaborar poéticamente las caminatas confieren unidad al conjunto de los trabajos presentados, y ofrecen al espectador una posibilidad de pensar sus propias experiencias diarias de desplazamiento, más allá de un ir y venir mecánico y alienado. Tal vez sea esa una de las contribuciones del arte hoy: hacer pensar y ofrecer medios de reelaborar el cotidiano. Al final, como ya decía el poeta, “se hace camino al andar”.
Sobre María Amelia Bulhoes
Maria Amelia Bulhões es docente, crítica y curadora brasilera. Graduada em Historia pela Universidade Federal do Rio Grande do Sul (1973), mestrado em Historia pela Pontificia Universidade Catolica do Rio Grande do Sul (1983), doutorado em Historia Social pela Universidade de Sao Paulo (1990) e pos doutorado na Universidade de Paris I, Sorbonne (1997) e na Politecnica de Valencia (2008). Organizou e publicou diversos livros, colaborando regularmente com artigos em revistas nacionais e internacionais.
Atualmente  professor do corpo permanente do PPG em Artes Visuais da Universidade Federal do Rio Grande do Sul, atuando na area de Artes Visuais, com enfase em Historia,Teoria e Critica da Arte. Coordena o Grupo de Pesquisa “territorialidade e subjetividade”. Dedica-se principalmente aos seguintes temas: artes visuais contemporaneas, arte na America Latina e web arte. Atua como colunista no jornal Sul 21 e dirige o portal www.ig.art.br
Traductora: Maria Isabel de Castro Lima, Msc. en Literatura; profesora y traductora inglés y español en la Universidad del Sur de Santa Catarina – UNISUL, Brasil. Vive y trabaja en Florianópolis.



texto publicado en: http://arte.elpais.com.uy/se-hace-camino-al-andar




¿Es posible la deriva en la epoca de la geografia digital?

[Revista Bostezo]

DEC 28, 11



Esta semana foi publicado na  Bostezo – Revista de Arte y Pensamiento um artigo que escrevi com Juan Freire no final do primeiro semestre deste ano. Abaixo coloco cópia do artigo.
Karla Brunet / Universidade Federal da Bahia, Brasil
Juan Freire / Universidade da Coruña, España
2011-12-20
La geografía ha sido siempre una disciplina conflictiva, parte ciencia y técnica cartográfica, parte instrumento político. En la segunda mitad del siglo XX la geografía como representación de la subjetividad del territorio se relacionó con el mundo del arte y los movimientos alternativos de activismo político. Paradójicamente, el desarrollo y popularización de la tecnología digital han hecho comunes muchas de esas prácticas pero posiblemente con implicaciones políticas radicalmente contrarias.
La psicogeografía propuesta en los años cincuenta por el movimiento situacionista era una forma de explorar la ciudad, de hacer que las personas abandonasen sus caminos predilectos y sintieran el paisaje urbano desde otros puntos de vista. En este sentido, proponía perderse por la ciudad en relación a los otros y también a uno mismo, y de este modo encontrarse con nuevas situaciones, paisajes y vivencias sintiendo diferentes emociones al recrear un recorrido por lugares conocidos. La geografía del espacio urbano creada como forma de expresión artística ha quedado reflejada en diversas obras como, por ejemplo, en elPsychogeographic Map Of Venice (1957), de Ralph Rumney, donde el artista mezcla el collage de fotos, textos que crean una narrativa del lugar, un cuaderno de bitácora de la experiencia de la deriva con una estética similar a la de la fotonovela.
Hoy en día, los proyectos de cartografía artística trabajan de la misma forma que sus precursores del situacionismo pero utilizan herramientas más precisas. Lo que antes se realizaba con un cuaderno de notas y bolígrafo, ahora es realizado con grabadoras digitales, cámaras de fotos y video, dispositivos GPS, móviles o sensores fisiológicos. Los mapas contemporáneos intentan describir la experiencia de la deriva de una forma tan precisa que quizás están perdiendo el propio sentido del la deriva, al convertirse en un proceso cartesiano y controlado.
Diversos proyectos artísticos intentan hoy en día recuperar la noción de experimentar y sentir el lugar con la utilización de los medios digitales tanto para la captura del material subjetivo durante el recorrido como para la presentación de los resultados de estas experiencias, comúnmente mediante mapas online. Estos mapas varían desde representaciones de las subjetividades como los mapas emocionales de Christian Nold (1), a mapas más políticos y sociales como Map Kibera (2)o más lúdicos como Ecocaching(3). Aunque presentan enfoques distintos, el objetivo de estos proyectos es similar a la idea de explorar la ciudad de los situacionistas.
En paralelo al surgimiento de estas prácticas artísticas, el desarrollo de las ciudades occidentales y sus necesidades de gestión dan lugar en la segunda mitad del siglo XX a las décadas doradas de la planificación urbanística, como una disciplina jerarquizada en manos de políticos, gestores y técnicos. La participación ciudadana en el diseño y la toma de decisiones es cada vez menor y circunscrita a cuestiones más irrelevantes. Esta época sacraliza la zonificación de usos en las ciudades, el desarrollo de los suburbios y los centros comerciales. Como consecuencia aumentan de forma drástica las necesidades de movilidad. El automóvil, primero en Estados Unidos pero después en Europa, se configura como la solución principal para los desplazamientos y la ciudad se piensa para facilitar la movilidad de los coches y sus conductores. Como resultado, los espacios públicos se convierten en meras rutas de tránsito.
El vaciado de los centros urbanos alcanza su máxima disfuncionalidad en los ochenta y noventa del siglo XX, lo que genera voces críticas que reivindican la participación ciudadana en la gestión urbana, una forma de urbanismo ‘de abajo arriba’. En la década del 2000, la explosión de la tecnología digital se convierte en un apoyo inesperado a la reivindicación de los espacios públicos. Inicialmente, la revisión crítica del espacio urbano a través de la tecnología surge como una forma de experimentación artística con prácticas de locative media con dispositivos móviles y GPS. El arte sale de Internet y de los espacios de exhibición y llega a la calle, al espacio público. Las posibilidades de coordinación que posibilitan los móviles y la mensajería SMS da lugar a los flash mobs, inicialmente a medio camino entre el juego y el arte para convertirse en cierto momento en una forma de protesta política.
En los últimos años, los móviles se han convertido en dispositivos de gran capacidad de cómputo dotados de GPS y mapas digitales que llevan camino de convertirse en herramientas cotidianas en la vida de la gente. En estos momentos, otro viejo tema de la investigación tecnológica y artística, como es la realidad aumentada, se está convirtiendo en una realidad comercial posibilitando la hibridación del espacio físico y digital de forma que es común obtener información digital contextualizada a la localización geográfica del usuario. Por tanto, en estos momentos vivimos en un espacio público ‘aumentado’ en el que las realidades física y digital se combinan. Nuestro uso de las calles ya no puede entenderse sin la influencia de la información digital que consumimos y producimos casi en tiempo real.
En este sentido, la psicogeografía nació como una forma de perderse en el espacio urbano con respecto a uno mismo y/o con respecto a los otros, una exploración de la ciudad desprovista de objetivos a priori. El mapa, en lugar de ser un instrumento de navegación, se convertía en un cuaderno de viaje. La disponibilidad de cartografía digital en dispositivos móviles hace hoy en día casi imposible la práctica de ‘perderse en la ciudad’, pero puede permitir nuevas formas de coordinación colectiva en tiempo real, procesos de autonomía en cierto modo similares a los generados por la deriva clásica.
Como contraposición a este ‘no perderse’, proporcionado por las tecnologías de geolocalización que nos acompañan en el día a día, surgen proyectos artísticos que con una gran carga de ironía pretenden que, de algún modo, nos sigamos perdiendo. Es el caso de la aplicación Serendipitor (4) creada por Mark Shepard, en la que el usuario elije los puntos de inicio y destino y deja que la aplicación le proporcione rutas más o menos complejas para el recorrido. Es diferente a la deriva situacionista, dado que ahora seguimos una ruta por GPS para perdernos, podremos tomar fotos del camino y las publicamos en tiempo real en Internet compartiéndolas en nuestras redes sociales. O sea, nuestro perderse contemporáneo también se hizo cartesiano. ¿Podemos considerarlo una nueva ciberpsicogeografía o ya se alejó tanto de las ideas situacionistas que será mejor buscar otras nomenclaturas?

1) http://emotionalcartography.net/
(2) http://mapkibera.org/
(3) http://ecocaching.net/
(4) http://serendipitor.net/


Referencias
BRUNO, G. Atlas of emotion : journeys in art, architecture, and film. New York: Verso, 2002.
DEBORD, G. Introduction to a Critique of Urban Geography. v. 2008: Les Lèvres Nues #6, Nothingness.org, 1955.
Theory of the Dérive. v. 2008: Bureau of Public Secrets, 1958.
GOLDSMITH, S. & ELIZABETH, L. (eds.). What We See: Advancing the Observations of Jane Jacobs.Oakland, California: New Village Press, 2010.
PUTNAM, R.D. Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community. New York: Simon & Schuster, 2000